Sor Isabela, monja del Cister vivió a finales del siglo XIX dedicada a la oración y al silencio. Escribió un diario en el que narra algunas de sus experiencias místicas, entre ellas una visión del infierno que relata de esta manera:
" Una mañana me hallaba en mi celda y sentí que mi espíritu se elevaba y podía ver un remolino más negro que un carbón que se movía a velocidad increíble allí estaban concentradas la maldad, la ira, la envidia y otras maldades humanas, mi visión continuó y mi alma pudo ver una especie de túnel formado por anillos que se superponían unos a otros a velocidad increíble hacia abajo, al tiempo que oía una especie de latidos de corazón que latían a velocidad de vértigo, más abajo vi una nube gigantesca negra y abajo estaba este mundo en el que vivimos los seres humanos y en la parte de abajo había tal oscuridad que el remolino y el túnel formaban una especie de cono invertido y truncado, vi una especie de nichos parecidos a los nichos de los cementerios y a la izquierda un muro formado por unos ladrillos de color marrón claro, de un material que desconozco.
Mi espíritu fue llevado a la izquierda del muro y vi la figura de un espíritu negro que era el diablo de él salían la arrogancia y la soberbia, la maldad suprema, la Inquisición y todas las religiones que degeneran y mandan matar, el terror, las guerras, la corrupción,el desequilibro, el sexo sin amor, las orgías y todos los demás males que aquejan a la humanidad y debajo de él se habría un abismo negro de terror que me hizo sentir vértigo."
Quede asustada por lo que había visto pero sentí que DIOS me había concedido una gran gracia para mi alma al hacerme participar de su mundo de misterios.
Entendí que el pecado de los hombres fue la seducción satánica y nuestra tarea en este mundo es volver al mundo de DIOS venciendo los pecados que nos alejaron del mundo de nuestro Creador y del Cielo, nuestra meta final es cambiar de padre diablo a Padre DIOS, cambiar el odio por el amor. El amor de Dios es el amor mayor que existe.