El Papa León XIII ordenó que tras cada misa se rezase una oración contra el demonio, a la que pertenecen las palabras citadas:
Arcángel San Miguel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y las acechanzas del demonio.
Reprímale Dios,
pedimos suplicantes,
y tú, príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.
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