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La Península Ibérica, como el resto de Europa, también será asentamiento de los pueblos celtas, su asentamiento se realiza en varias oleadas y se asientan en casi toda la Península Ibérica, solo la zona sur y mediterranea, estarán al margen de esta cultura.

 

De la mezcla o fusión de los pueblos celtas con los íberos que habitaban La Península, surgen los celtíberos, dando lugar a una cultura diferenciada llamada Celtiberia. Algunas tribus celtas adquirieron rasgos más comunes a sus vecinos o a la inversa.

 

Se denominaron celtíberos a los pueblos celtas situados  en la parte sureste de la meseta y zona suroeste de Aragón. Se extendieron por las actuales provincias de Soria y Guadalajara, gran parte de la Rioja, este de Burgos, oeste de Zaragoza, Teruel y norte de Cuenca. Los celtas mayoritariamente vivían en el noroeste de España.

 

Las primeras referencias escritas sobre estos pueblos se deben a geógrafos o historiadores greco-latinos ( Estrabon, Tito Livio, Plinio y otros), su estudio comenzó en el S.XV pero no adquirió rango científico hasta primeros del S.XX (marques de Cerralbo, Schulten, Julio Caro Baroja, que fué el primero en estudiar la influencia del folclore celta en la Península Ibérica). cobrando un renombrado impulso en los últimos años.

 

Según los cronistas griegos y latinos, fueron conquistados por los romanos porque carecían de estrategia militar peleaban solo con sus armas: torques y cinturones. Sin embargo tardaron años en derrotarlos, aunque no pudieron dominarlos pues mantuvieron su cultura viva, su amor a la libertad, a su tierra y sus clanes. Sentimientos que se transmiten en sus mitos, leyendas, en la música de sus gaitas, instrumento emblemático de estos pueblos.

 

La principal característica de su aspecto físico, eran altos,  de cabellos rubios y ojos azules. Las mujeres trenzaban sus largos cabellos y a veces los recogían en complicados peinados, eran tan belicosas como sus maridos. Eran aficionados en exceso a los adornos, utilizaban collares, brazaletes. Los hombres utilizaban unos collares en el cuello llamados torques, que según el status social eran de bronce, plata u oro.

 

Habitaban en aldeas situadas en zonas elevadas para facilitar su defensa en caso de ataque, se denominaban castros (cultura de los castros), que los romanos llamaron oppida (en plural) u oppidium (en singular). Estos asentamientos estaban fortificados con paredes macizas de tierra, trabadas interiormente con soportes de madera y con su parte exterior rodeado por un foso. En el interior se construían chozas adosadas a la muralla, lo cual les proporcionaba una mayor solidez. Las casas generalmente se disponían de forma circular y se hallaban dispuestas sin ningun orden establecido dentro de la ciudad.

 

Construían monumentos de carácter religioso en torno a la naturaleza, llamados Dólmenes (del gaéelíco tohl: mesa y maen: piedra), Menhires  ( del gaélico maen: piedra y hir: alta o erguida), Trilitos... todos ellos formados por grandes piedras. Los primeros describen un megalito compuesto por una roca plana, , puesta horizontalmente sobre dos o más pilares verticales de piedra; los otros se refieren a una roca aislada de tres a ocho metros de alto. También destacan las tumbas megalíticas desarrolladas en las modalidades de atrio, de galería, de portal o la combinación de estos.

 

Tenían la costumbre de incinerar a sus muertos y las cenizas las metían en unas urnas, costumbre que daria lugar a la cultura de los campos de urnas.

 

En estas zonas de influencia celta se conservan aun hoy, danzas de movimiento circular con un líder como eje que canta interrogando desde el centro y los danzarines  en derredor. Un grabado rupestre cerca de Cogul (ca. 800 a.c.)

en Cataluña, describe mujeres danzando alrededor de  una figura central masculina.

 

Los antiguos celtas basaban su cosmogonía, en espirales,en ruedas, influidos por el movimiento de las estrellas, movimiento y ocaso del sol y de la luna, reflejadas en los nudos celtas , que plasmarían en rocas, libros miniados y joyas, simbolizan la creación y el girar de las estrellas en el cielo. Es posible visualizar una tradición mágica basada en las creencias y rituales de los druidas (chamanes), la tradición mística de la unidad, enraizada en la filosofía espiritual de la Europa pre-cristiana. La existencia de un culto a la madre tierra.

 

Los festivales del fuego en la espiral celta eran días mágicos y coincidían con los solsticios de verano e invierno, de gran influencia en muchas fiestas de la Península Ibérica. Creían en una fuerza vital omnipotente que es parte de la materia viva del Universo.

 

 

 

 

 

 

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